Ser feliz es bueno

Ser feliz, ¿es un propósito fútil? Como dice Martin Seligman en el libro La auténtica felicidad, ¿vale la pena molestarse en ser feliz? Al parecer, sí. Ser feliz te hace vivir más, con mejor salud, tener más dinero, y más y mejores relaciones.

En un estudio realizado con monjas de un convento de Milwaukee (un lugar ideal para realizar un estudio ya que todas viven en el mismo ambiente, realizan las mismas actividades, se alimentan igual, etc.), se dividió a las monjas en dos grupos: las más alegres y las menos alegres. Resultó que el 90% del grupo más alegre seguían vivas a los 85 años, en contraste con sólo el 34% del grupo menos alegre.

En otro estudio, realizado con alumnas del Mills College a través de 30 años, se tomó una foto de las alumnas y se las dividió en dos grupos, las que tenían una sonrisa auténtica (con arrugas en los ojos) y las que tenían una sonrisa forzada o no sonreían. Se concluyó que las que mostraban una sonrisa auténtica tenían más probabilidades de casarse, de mantener su matrimonio y de experimentar un mayor bienestar personal a lo largo de los 30 años siguientes.

De acuerdo a un estudio de la Clínica Mayo, los optimistas presentan una longevidad 19% mayor. Según la Universidad de Harvard, los factores que mejor predicen el envejecimiento satisfactorio son el nivel de ingresos, la salud física y la alegría de vivir. Las defensas maduras (altruismo, capacidad de aplazar la gratificación, la previsión del futuro y el sentido del humor) son un indicador fiable de la alegría de vivir, de los ingresos elevados y de la ancianidad vigorosa.

Barbara Fredrickson afirma que las emociones positivas amplían nuestros recursos intelectuales, físicos y sociales y los hacen más perdurables. Cuando estamos de talante positivo, la amistad, las relaciones amorosas y las coaliciones tienen más probabilidades de prosperar. Nuestra actitud mental es expansiva, tolerante y creativa. La actitud positiva nos hace adoptar una forma de pensamiento totalmente distinta a la actitud negativa. Mueve a adoptar una forma de pensar creativa, tolerante, constructiva, generosa, relajada. El estado emocional positivo también protege de los estragos del envejecimiento. Los felices tienen mejores hábitos de salud, menor tensión arterial y un sistema inmunológico más fuerte.

Según un estudio australiano, el elevado nivel de felicidad se relaciona con mayores posibilidades de obtener un trabajo remunerado y mejores salarios. Las personas en quienes se genera buen humor eligen objetivos más elevados, rinden mejor y son más perseverantes. Cuando se halla amenazada, la gente feliz soporta mejor el dolor, y toma más precauciones con la salud y la seguridad. Experimentar emotividad positiva y saber expresarla es la clave de casi todas las formas de amor y amistad. Las personas muy felices tienen una vida social rica. Tienen más amigos, tanto buenos como superficiales, más probabilidades de casarse y participan más en actividades de grupo. Son más altruistas. Si desarrollamos más emotividad positiva, desarrollamos amistad, amor, mejor salud física y mayores logros. Los sentimientos positivos maximizan los beneficios sociales, intelectuales y físicos, que se van acumulando.

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