Wishcraft: Capítulo 10

Wishcraft

Cómo tener lo que realmente quieres
Barbara Sher

Esta es la décima de una serie de entradas en las que publicaré un resumen de cada capítulo del libro Wishcraft, de Barbara Sher. Esta entrada contiene un resumen del capítulo 10.

Capítulo 10: No lo hagas solo

Familias: convirtiendo resistencia en apoyo

Muchas mujeres se sienten culpables y tienen miedo de ponerse en primer lugar antes que a las demandas familiares. Muchos hombres (y mujeres también) desearían hacer lo que les gusta pero se sienten responsables por quienes dependen económicamente de ellos.

Veremos algunas estrategias para atravesar esa transición de roles manteniendo las relaciones intactas.

Déjalos que se enojen

Cuando decidí empezar con los Equipos de Éxito para Mujeres, a mi esposo no le gustó la idea. Me asusté. “¿Qué voy a hacer ahora?“ Me miró como si estuviera demente y me dijo: “¡Lo que quieras! Tú te enojas conmigo a menudo y yo hago lo que quiero“. Y pensé “Tiene razón“.

Yo lo llamo el síndrome “él/ella no me deja”. Él o ella no pueden detenerte. No tienes cuatro años, y esa persona no es tu padre. Es sólo una persona asustada porque le gustaba todo de la forma en que estaba y el cambio lo pone nervioso.

Les has estado dando mucha atención y servicio, y ahora gran parte de tu energía va a ir a otro lado. O tal vez ahora tengan que ser conscientes de algunas cosas sobre las que nunca tuvieron que pensar antes, como que cuando quieres algo cuesta dinero.

No renuncies a tus metas. Sigue adelante y haz los cambios. Y dales el derecho a que no les guste. Déjalos que se asusten y se enojen. En lugar de ponerte en pie de guerra, di “Lo sé, es duro”. Dales algún tiempo para que se acostumbren. Y algún día alguien te dirá “Sabes, esto es divertido. Me gusta mucho más de lo que pensé.”

Como hacer que funcione

En cualquier casa compartida, hay ciertas cosas que hay que hacer. Las cuentas tienen que pagarse, y las tareas de la casa tienen que hacerse al menos de vez en cuando. En mi experiencia, imponer reglas no funciona tan bien como definir sueños, necesidades y prioridades en común.

Economía: la conferencia familiar

¿Qué pasa si eres el principal proveedor en tu familia y tu meta involucra una reducción en tus ingresos? Herm quería dejar la firma inmobiliaria donde era vicepresidente y tomar un empleo de menor paga en una organización sin fines de lucro.

Si es tu caso, las personas que viven contigo van a tener que hacer algunos cambios. Tendrán que contribuir económicamente en la casa, si tienen la edad suficiente, o tendrán que decidir en qué cosas están dispuestos a economizar.

Si les das una voz en la toma de decisiones, no van a sentirse amenazados o abandonados. Van a sentirse como compañeros en una aventura.

La esposa de Herm obtuvo su primer trabajo pago, algo que había querido hacer por mucho tiempo, y sus hijos acordaron trabajar en verano por dinero en lugar de sólo por diversión, para que su padre pudiera hacer lo que amaba.

Deben preguntarse qué elementos de su estilo de vida son necesarios y en cuáles podrían ahorrar. La idea no es reducir la vida a lo esencial de forma permanente, es definir sus prioridades. Pueden preguntarse qué metas a largo plazo tienen en común y qué está dispuesto a hacer cada uno para ayudar a alcanzar esas metas.

Tareas de la casa: Cómo no regañar

Una de las cosas que hombres y niños van a tener que hacer es compartir las tareas de la casa. Y te prometo que van a hacer todo tipo de nobles resoluciones en la conferencia familiar, ninguna de las cuales va a ser mantenida. ¿Qué haces entonces?

La mayoría de las mujeres que trabajan continúan teniendo la mayor parte de la responsabilidad del trabajo de la casa para mantener la paz. Usualmente justificamos esto diciendo, “Si yo no lo hago, nadie lo hará”, o “Requiere más energía estar regañando que hacerlo yo misma”.

Personalmente creo en hacer el cambio abrupto. Si eso te hace sentir culpable y asustada, tienes el derecho de sentir lo que sientes. Pero no te rindas.

¿Tu familia quiere una casa limpia? Hay cuatro estrategias para lidiar con eso.

Caos democrático. Puedes simplemente decir, “Todo el mundo debería tener una asistente personal. Sin embargo, puesto que ninguno de nosotros tiene una, supongo que tendremos que hacer lo mejor que podamos.”

Piensa en ti como una más entre compañeros de piso que tienen que arreglárselas. Nadie es el jefe. Cuando te levantes una mañana y veas que nadie tiene ropa limpia, alguien tiene que hacerlo. Pueden discutir quién va a hacerlo. Nadie hace a un niño sentirse mejor que poder decir: “Ma, es tu turno de lavar los platos, ¡y será mejor que lo hagas!”

El autócrata compasivo. ¿Qué pasa si tienes menor tolerancia al desorden que yo y necesitas orden y limpieza a tu alrededor para pensar? No caigas en la trampa de hacer todas las tareas tú misma porque es más fácil y lleva menos tiempo que hacer que ellos las hagan.

En lugar de decir, “Nunca me ayudan” o “Deben ayudar. Esa es la regla.”, dí, “Por favor, lava los platos. Ahora”.

Él o ella se levantará protestando e irá hacia la cocina como quien va a la guillotina. En este punto usualmente decimos “Olvídalo”. Nos cuenta tanto pedir ayuda que cuando finalmente lo hacemos, nos duele si no obtenemos entusiasmo. Bien, no necesitas entusiasmo. Sólo necesitas los platos lavados.

Di, “No te culpo. A mí tampoco me gusta lavar los platos. No tiene que gustarte, sólo tienes que hacerlo“. Cuando haya terminado, sólo dí: “Gracias.”

Necesito que cuides de mi. En mis primeros tiempos en Nueva York, yo trabajaba, llevaba a mis hijos a la escuela, hacía el desayuno, almuerzo, cena, y les gritaba toda la noche porque estaba exhausta.

Así que me arriesgué y les pedí ayuda. Durante los años siguientes, mis hijos cocinaron mi almuerzo, mi cena, y ocasionalmente limpiaron la casa, y se sintieron valiosos y orgullosos. Hoy me dicen “Nunca lo habrías hecho sin nosotros.“

Les damos todo a nuestros hijos, y luego nos preguntamos por qué no están satisfechos. No les damos la posibilidad de sentirse necesitados. Ellos necesitan saber que son importantes para alguien que aman, útiles, capaces y necesarios.

Ama tu vida. Sé realmente feliz en lo que haces. Ahí es cuando eres irresistible para tu familia, porque ya no estás encima de ellos, y estás alegre, entusiasmado. Ahí es cuando empiezan voluntariamente a hacer las tareas. Ellos no hacen las tareas y luego dicen, “Bien, ahora ve a trabajar, nosotros nos encargaremos de todo“. Es al revés.

Todo lo que ellos quieren es tu atención, sentirse necesitados e incluidos. Por lo tanto, la mejor forma de tener amor y éxito es permitir que tu gente te ayude con tu meta. Déjalos colaborar con ayuda práctica y apoyo emocional. En lugar de una meta que divida, haz que tu meta sea un proyecto compartido que los acerque.

Comparte la propiedad de tus planes

Cuando llegas con un plan perfecto, todo el mundo se siente dejado de lado. Pero si dices, “Tengo esta idea, pero no se si va a funcionar”, los demás se sienten incluidos.

No trates de venderles los aspectos positivos de tu idea, comparte tus miedos y dudas, ¡y déjalos que te convenzan!

Como viste en el capítulo 7, los demás tienen mucho que ofrecer una vez que los invitas a involucrarse. Los niños son especialmente fabulosos tanto en ideas como en ayuda. Confía en ellos para ayudarte con las tareas, y déjalos encontrar sus propias maneras de hacerlas. Cuantos más problemas le des a la gente para resolver por si mismos, más compromiso y entusiasmo obtienes.

Pero si tu familia aún se está ajustando al nuevo orden, o si vives solo, ¿qué haces? Llamas a tus amigos al rescate.

El sistema del compañero: unirse para el éxito

El principio es simple: tú y un amigo hacen de su meta común alcanzar sus metas individuales. Es más fácil tener fe, coraje y buenas ideas para otro que para ti mismo, y es más fácil que otro las tenga para ti.

¿Cómo elegir a un compañero? Puede ser un amigo pero no tiene por qué, un conocido o un vecino puede ser igual de bueno. Este es un arreglo orientado a la acción en primer lugar, y una amistad íntima sólo si quieres que sea.

El único requisito es que sea alguien cuya mente y valores respetas y cuyas ideas y metas te intriguen. Sus metas no tienen que ser en el mismo campo que las tuyas, ni siquiera tienes que saber nada sobre ellas. No elijas a alguien que esté mucho más avanzado que tú en su carrera, o que nunca admite estar abatido o dudoso. El sistema del compañero, al contrario del sistema del mentor, es una relación de iguales.

Ambos se darán uno al otro tres tipos de ayuda:
1. El más importante es la expectación, el saber que alguien está esperando oír si hiciste lo que dijiste que harías y cómo te fue. El compañero llena la necesidad de alguien que crea en la importancia de tu meta y espere que perseveres con ella.

Cada semana, le dirás a tu compañero qué pasos has programado para la semana siguiente, día por día, y él hará lo mismo. A la semana, ambos se reportarán y le dirán al otro lo que hicieron. Es tan simple como eso, y hace toda la diferencia del mundo.

Cuando estás solo siempre puedes encontrar excusas para abandonar tu programa, pero cuando tienes a alguien a quien responder, es más difícil que te engañes a ti mismo.

2. Ambos se dan uno al otro el apoyo emocional tan necesario para perseverar con cualquier plan: un oído empático cuando estás abatido, alguien que tome tu mano cuando tienes miedo escénico, y sobre todo compañía en la empresa de perseguir una meta.

Con un compañero, puedes no sólo compartir el peso de tus problemas, sino las ideas, la camaradería del trabajo, y la festividad del éxito.

3. Ambos pueden darse uno al otro mucha ayuda práctica. Ambos serán el equipo de brainstorming y barn-raising. Cuando uno tenga un problema estratégico que resolver, sus dos cabezas juntas serán mejor que una.

Tu compañero puede prestarte sus pinceles sin usar o tú puedes ayudarlo a ensayar para una entrevista, o incluso hacer llamadas fingiendo que eres él, si odia el teléfono. El hará que su hermana la periodista escriba un artículo sobre tu estudio de danza, tú harás que tu abogado le dé una referencia para la escuela de leyes. Pueden compartir ideas, contactos, materiales y habilidades para ayudarse a alcanzar su meta de éxito mutuo.

El mejor formato para este dar y recibir es la reunión de negocios semanal, complementada cuando sea necesario por la llamada de apoyo de 3 minutos.

Primero, necesitarán juntarse para compartir sus planes y fijar una fecha límite común. Lleven su diagrama de flujo, el calendario de metas y el calendario de la semana próxima.

La última de sus dos fechas límite será su fecha límite común, el día en que ambos habrán logrado sus metas. Hagan un contrato verbal de permanecer juntos hasta esa fecha. Como todas las fechas límite, es tentativa y puede ser reajustada, pero tienen que tener una.

Cuando ese día llegue pueden hacer una fiesta, y luego renegociar si quieren parar o seguir juntos porque tienen 6 metas nuevas.

Elijan una tarde o noche en que ambos puedan reunirse a la misma hora cada semana. Es importante hacer de estas reuniones una prioridad en su vida. El compromiso con tu compañero es un compromiso contigo mismo y tus metas. Si por alguna buena razón no pueden hacerla, se reportarán por teléfono a la hora acostumbrada.

Reunión de negocios semanal

La llamo reunión de negocios porque no es una reunión de amigos ni un grupo de elevación de la conciencia. Es una sesión orientada a la meta, y si se vuelve otra cosa, no va a funcionar.

Para eso, las reuniones tienen que seguir un par de reglas.

1. Ser puntual. Tú tratas de no llegar tarde a tu cita con el médico o el jefe, porque los respetas y quieres que el sentimiento sea mutuo. Bien, tu reunión semanal es una cita con tu futuro, con la persona que puedes ser. Por tanto no importa como te sientas ese día, esfuérzate por ser puntual. Y espera lo mismo de tu compañero.

2. Usa un reloj o un cronómetro. Esto estructurará la reunión y ayudará a ir al grano. Cada uno obtiene un máximo de media hora, dividido más o menos así:

5 minutos: Reportarse. Dí lo que hiciste (o no hiciste) la semana pasada, y si lo hiciste, cuáles fueron los resultados. Tu compañero lo tendrá todo anotado de la semana anterior y esperará un reporte sobre cada ítem.

Si no hiciste ninguna de las cosas que dijiste que ibas a hacer, no es lo peor del mundo. Pero generalmente hiciste algo; y simplemente no te das cuenta.

20 minutos: Problemas y soluciones. Ahora habla sobre cualquier problema que encontraste, y pide las sugerencias de tu compañero. Pero cuidado: si los problemas tienen un ingrediente emocional, ventílalo en una sesión de Tiempos Difíciles, o no resolverás el problema. Quéjate hasta que te sientas aliviado y listo para seguir, pero con un limite de 10 min. Luego pónganse a hacer brainstorming y barn-raising.

5 minutos: Programar. Actualiza tu lista de acciones, agregando cualquier sugerencia de tu compañero, y luego traza tu plan de acción para la semana que viene.

Asegúrate de anotar llamadas de apoyo que esperes de tu compañero.
Tu compañero debe anotar una copia de tu programa, incluidas las horas en que ha prometido llamarte. Y luego es su turno.

Después que haya terminado esta reunión de una hora, pueden hacer cosas como ensayar una entrevista o bosquejar un CV, pueden fantasear sobre qué fabuloso será cuando ambos tengan sus metas, o pueden contarse chismes o ir a casa.

La llamada de apoyo de 3 minutos

Una llamada de tu compañero a mitad de la semana puede darte una inyección de ánimo cuando más lo necesitas, justo antes de hacer algo difícil, o justo después.

No sólo me refiero a esas llamadas que prometieron hacer en la reunión semanal, sino también a un pedido de ayuda o consejo ocasional. Pero si la otra persona tiene tendencias “bebé” (ver capítulo 7), después de un tiempo vas a temblar cada vez que suene el teléfono, así que la mejor prevención es una regla.

Ninguna llamada debe durar más de 3 minutos. Este límite de 3 minutos te recordará valorar tanto tu tiempo como el de tu compañero. Ahora que tienen una meta, están viviendo en un marco de tiempo.

Las personas que hacen un trabajo orientado hacia objetivos tienen que distinguir entre el tiempo libre, que puede usarse como se quiera, y tiempo lineal, que es para hacer las cosas, y debe usarse eficientemente.

Una sugerencia más. Si tu compañero llama y comienza a quejarse, recuerda, no trates de resolver el problema, o nunca colgarás el teléfono. Eso sólo disparará el juego “si, pero”. Simplemente escucha un poquito más y luego dí “¿Qué puedo hacer para ayudar? Tú dímelo.”

Cuidados intensivos

Se acerca la fecha de entregar una tesis y tienes la sensación de que no lo lograrás; o vas a ir a una entrevista y tienes la sensación de que cuando llegues a la puerta vas a dar vuelta y regresar a casa. Esto se conoce como una crisis. Tarde o temprano le ocurre a todo el mundo, y hay tres momentos peligrosos en que es probable que ocurra:

Momento de crisis 1: Al principio, cuando el campo en el que te estás aventurando es nuevo para ti, y no tienes experiencia de éxito para contraatacar tus fantasías de desastre.

Momento de crisis 2: cuando tienes que hacer algo que no quieres para lograr algo que quieres. Como tomar un curso de cálculo cuando quieres ser biólogo marino. Como terminar una tesis.

Pueden causar grandes crisis de inacción, porque a corto plazo es más agradable sentarse detrás de ese obstáculo y soñar despierto con tu meta, que lidiar con él.

Momento de crisis 3: cuando te enfrentas al salto a un nuevo nivel de riesgo o visibilidad.

Esta es la primera regla, en cualquier momento de crisis: nunca, nunca te rindas o cambies tu meta cuando te estás sintiendo asustado, desanimado o deprimido. Una vez pases el momento difícil y te sientas bien de nuevo, eres libre de cambiar tu meta si realmente no te interesa. ¡Pero no mientras estás abatido!

Es difícil hacerlo solo, pero lo harás si tienes a alguien que sostenga tu mano en cada paso del camino. Eso es Cuidados Intensivos.

Si te enfrentas a una entrevista o performance difícil, puedes tener a alguien que vaya contigo hasta la puerta y te espere para darte un abrazo cuando salgas.

Matthew, por ejemplo, tenía miedo de ir a clases de pintura, así que consiguió una amiga que lo acompañara las primeras veces.

También puedes pedir llamadas de crisis. Las llamadas de crisis son indicadas cuando sientes que se avecina una mala semana. Podrías decirle a tu compañero “Ayúdame, tengo que escribir una propuesta de 30 páginas esta semana y no puedo”. O tu compañero podría reconocer los signos de una crisis inminente y decir, “Quiero que me llames a las 9 cada mañana antes de ponerte a escribir. Necesito oír de ti a las 11 con al menos un párrafo escrito.”

No necesitarás Cuidados Intensivos con mucha frecuencia. De hecho, una vez podría ser suficiente. Una vez que tengas la experiencia de seguir a través de una crisis, el mundo será un lugar diferente para ti. Tendrás un logro tangible del que estar orgulloso, y tendrás menos miedo de tus miedos. Si no pudieron detenerte esta vez, ¿por qué te detendrían de nuevo? Pero para atravesar esa barrera la primera vez, necesitas ayuda.

Bookmark and Share

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: