El modelo ABC de Albert Ellis

Albert Ellis (1913-2007), uno de los psicólogos más influyentes de Estados Unidos, fue el creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC), el origen de la hoy popular Terapia Cognitivo Conductual.

Según Ellis, la perturbación emocional no es creada por las situaciones sino por las interpretaciones de esas situaciones. Cuando las personas se enfrentan a adversidades, pueden elegir entre sentir emociones negativas saludables (molestia, frustración, decepción) o malsanas (ansiedad, depresión, cólera).

Ellis desarrolló un modelo llamado ABC que explica cómo a partir de cualquier acontecimiento, podemos generar emociones saludables o dañinas, según qué interpretación hagamos de él.

Llamamos “A” al acontecimiento adverso, como un fracaso o el rechazo de alguien, “B” (Belief) representa las creencias de la persona, es decir su filosofía o punto de vista sobre “A”. Estas creencias pueden ser racionales o irracionales. El punto “C” se refiere a las consecuencias que la persona genera como resultado de A y B.

Así, si una persona se dice a si misma en el punto B, “No me gusta A, y desearía que no sucediera”, se sentirá saludablemente apesadumbrada y decepcionada por A. Pero si en el punto B se dice irracionalmente “Esto no debería ocurrir”, “yo debería haberlo hecho mejor”, “los demás no deberían causarme estas contrariedades”, “es terrible, horrible y no puedo soportarlo”, entonces en el punto C las consecuencias serán sentimientos negativos malsanos (y comportamientos malsanos).

Las principales creencias irracionales son estos tres “debería”:
1 – “Yo debería hacerlo bien y ganarme la aceptación de las personas importantes para mi”.
2 – “Los demás deberían tratarme con amabilidad, consideración y justicia”.
3 – “Las circunstancias deberían ser fáciles y agradables para mi”.

Si una persona observa sus ideas irracionales y las enfrenta y refuta puede evitar los sentimientos negativos que originan.

Ejemplo:
A: Le va mal en una entrevista de trabajo y no consigue el empleo que desea.
B: Creencias racionales: No me gusta no haber conseguido este trabajo. Qué frustrante. ¿Cómo puedo intentar hacerlo mejor la próxima vez?
Creencias irracionales: Debo gustarle a este entrevistador y conseguir este trabajo. Si no, será horrible. No podré soportarlo. Eso demostrará que soy un incompetente que nunca podrá tener un buen empleo.
C de las creencias irracionales: se siente deprimido y despreciable. Evita otras entrevistas.

Podemos debatir estas creencias irracionales con razonamientos como: No hay ninguna razón por la que tenga que conseguir gustarle a este entrevistador. Si no lo consigo, puedo soportarlo, puedo ser feliz de muchas formas, incluso aunque nunca consiga un trabajo tan bueno como este. Perder este trabajo no demuestra que soy un incompetente que nunca será capaz de conseguir un buen puesto. Y aunque me haya comportado como un incompetente en la entrevista, eso implicaría que soy una persona que actuó mal esta vez y no una persona completamente incompetente.

Al seguir cuestionando vigorosamente sus creencias irracionales hasta demostrar que son equivocadas cambiará C, en este caso su depresión y minusvaloración. Al hacerlo, también cambiará su conducta y podrá fácilmente seguir buscando un trabajo y haciendo más entrevistas.

Técnica de las tres columnas

El libro Sentirse bien, de David Burns, ofrece muchas técnicas cognitivo conductuales para mejorar nuestro estado de ánimo. En esta entrada vamos a ver la “técnica de las tres columnas”, un sencillo ejercicio que puede ser aplicado a un amplio rango de problemas.

Esta técnica tiene como propósito refutar los pensamientos ilógicos que surgen automáticamente cuando ocurre un evento negativo y reemplazarlos con pensamientos racionales.

Dividimos una hoja de papel en tres columnas. En la primera escribimos el pensamiento que estábamos pensando cuando surgió el sentimiento negativo. Al principio puede ser un poco difícil identificarlo, pero con la práctica se volverá más obvio. No debemos escribir reacciones emocionales, sólo los pensamientos que crearon la emoción. Por ejemplo, no escribas “me siento mal“ porque no puedes refutar eso con una respuesta racional.

En la segunda columna, usando la lista de distorsiones cognitivas, identificamos los errores en este pensamiento.

Por último, en la tercera columna lo refutamos con argumentos racionales y realistas.

Esta técnica debe hacerse siempre por escrito, no mentalmente, ya que escribir hace que seamos más objetivos e identifiquemos más fácilmente nuestros errores mentales.

El siguiente ejemplo presenta el caso de una persona que se preocupa por lo que pensarán los demás si llega tarde a una reunión.

Pensamiento automático Distorsión cognitiva Repuesta racional
Nunca hago nada bien. Generalización excesiva ¡Tonterías! Hago muchas cosas bien.
Siempre llego tarde. Generalización excesiva No siempre llego tarde. Piensa en todas las veces que he llegado a tiempo. Si llego tarde más a menudo de lo que me gustaría, trabajaré en este problema y desarrollaré un método para ser más puntual.
Todos me van a mirar por encima del hombro. Lectura de mente
Generalización excesiva
Pensamiento todo o nada
Error del adivino
Alguien puede decepcionarse porque llegue tarde pero no es el fin del mundo. Quizás la reunión ni siquiera comience a tiempo.
Esto demuestra lo idiota que soy. Etiquetar Vamos, no soy un idiota.
Voy a hacer el ridículo. Error del adivino Puedo parecer tonto si llego tarde, pero esto no me hace un tonto. Todo el mundo llega tarde a veces.

Veamos ahora otro ejemplo, el de un estudiante universitario muy preocupado por hacer un trabajo final perfecto.

Pensamientos automáticos Distorsiones cognitivas Respuestas racionales
No hice un trabajo excelente. Pensamiento todo o nada El trabajo es bastante bueno aunque no sea perfecto.
El profesor va a notar las partes flojas. Filtro mental Probablemente note las partes flojas, pero va a leer el trabajo completo. Hay algunas secciones bastante buenas.
Va a pensar que no me importó el trabajo. Lectura de mente No sé si va a pensar eso. Si lo hiciera, no sería el fin del mundo. A muchos estudiantes no les importan sus trabajos. Además a mí sí me importa, así que si pensara eso, estaría equivocado.
Lo voy a decepcionar. Pensamiento todo o nada
Error del adivino
No puedo agradar a todo el mundo todo el tiempo. La mayor parte de mis trabajos le han gustado. Si se siente decepcionado por este trabajo final puede sobrevivir.
Voy a sacar una D o una F en el trabajo. Razonamiento emocional
Error del adivino
Me siento de esta forma porque estoy disgustado. Pero no puedo predecir el futuro. Podría sacar una B o una C, pero una D o una F no es muy probable.
Eso arruinaría mi registro académico. Pensamiento todo o nada
Error del adivino
Los demás meten la pata de vez en cuando, y no parece que arruine sus vidas. ¿Por qué yo no puedo meter la pata de vez en cuando?
Eso significaría que no soy el tipo de estudiante que debo ser. Debería ¿Quién estableció la regla de que “debo“ ser de cierta manera siempre? ¿Quién dijo que estoy moralmente obligado a cumplir con algún estándar en particular?
Algunas personas se van a enojar conmigo. Seré un fracaso. Error del adivino Si alguien se enoja conmigo, es su problema. No puedo estar agradando a la gente todo el tiempo. Es demasiado agotador. Convierte mi vida en algo tenso, restringido y rígido. Quizás haría mejor en establecer mis propios estándares y arriesgarme al enojo de alguien. Si me va mal en el examen, ciertamente no me convierte en un fracaso.
Entonces voy a ser condenado al ostracismo. Error del adivino No todo el mundo me va a aislar.
Si me quedo solo, estoy destinado a ser un desdichado. Descalificar lo positivo Algunos de mis mejores momentos han sido cuando estoy solo. Mi “desdicha” no tiene nada que ver con estar solo, sino que proviene del miedo a la desaprobación y de perseguirme a mi mismo por no cumplir con estándares perfeccionistas.
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Distorsiones cognitivas

El psiquiatra David Burns, especializado en terapia cognitivo conductual, explica en su libro “Sentirse bien” que todo sentimiento negativo es el resultado de un pensamiento distorsionado. Incluso un episodio depresivo tiene su origen en pensamientos distorsionados y se puede curar si se aprende a reconocer esos pensamientos y a refutarlos racionalmente.

Lo que él propone es que cada vez que estemos deprimidos por algo, tratemos de identificar los pensamientos negativos que hemos tenido, porque son estos pensamientos los que en realidad crearon ese estado de ánimo.

Para que aprendamos a detectar este tipo de pensamientos ilógicos, el libro ofrece una lista de las principales formas de distorsión cognitiva:

1. PENSAMIENTO TODO O NADA.

Ves las cosas en blanco o negro, no existen los matices.
Si cometes un error, eres un inútil. Si sacas una mala nota, eres un fracaso total.
Sin embargo, en la realidad no hay absolutos, nadie es absolutamente brillante o totalmente estúpido. Pensando de esta manera vas a estar continuamente deprimido ya que nada de lo que hagas alcanzará tus exageradas expectativas.

2. GENERALIZACIÓN EXCESIVA.

A partir de un hecho haces generalizaciones del tipo todo, nada, siempre, nunca, etc.
Cualquier contrariedad te lleva a afirmar cosas como “todo me sale mal” o “siempre me pasa lo mismo”. Si invitas a alguien a salir y no acepta la invitación, piensas “Nadie va a querer salir conmigo nunca”.

3. FILTRO MENTAL.

Centras tu atención en un hecho negativo sin prestar atención a lo positivo. Es como si ese hecho fuese la gota de tinta que tiñe todo el vaso de agua. Por ejemplo, haces una presentación en el trabajo y recibes elogios de tus compañeros, salvo de uno de ellos que te hace una crítica. Durante los días siguientes te obsesionas con esa crítica, olvidando todo lo positivo que te han dicho los demás.

4. DESCALIFICAR LO POSITIVO.

Le restas importancia a lo positivo. Si alguien te dice un cumplido, piensas que sólo está intentando ser amable. Si sacas una buena nota, piensas que el examen fue fácil o que tuviste suerte. Esta incapacidad para apreciar las cosas buenas que ocurren, lógicamente fomenta la depresión.

5. CONCLUSIONES APRESURADAS.

a. Lectura de mente. Adivinas lo que las personas están pensando o sintiendo, con poca o ninguna evidencia. Si pasas por un conocido en la calle y no te saluda piensas que está enojado contigo, no se te ocurre pensar que quizás no te vio.

b. Error del adivino. Proyectas eventos negativos hacia el futuro, convencido de que las cosas resultarán mal: “voy a hacer el ridículo”, “este plan no va a funcionar”, etc. Cuando vas y haces lo que temes, ves que las cosas no suelen salir tan mal como creías.

6. MAGNIFICAR O MINIMIZAR.

Magnificas los hechos negativos con pensamientos del estilo de “Cometí un error, qué horrible, todos se van a enterar, mi reputación está arruinada“. Del mismo modo minimizas los hechos positivos con pensamientos como “sólo tuve suerte”, “eso no es ningún mérito”, etc. Si magnificas tus imperfecciones y minimizas tus buenas cualidades, es seguro que te sentirás inferior.

7. RAZONAMIENTO EMOCIONAL.

Crees que tus sentimientos reflejan la realidad y sacas conclusiones basándote en cómo te sientes en lugar de considerar la realidad objetiva.
Si te sientes abrumado, crees por lo tanto que tus problemas deben ser imposibles de resolver. Si te sientes un inútil, crees que realmente eres un inútil.
Pero son los pensamientos los que generan los sentimientos, y a menudo aquéllos están distorsionados, por lo que no podemos confiar en que nuestras emociones sean evidencia de la verdad.

8. DEBEÍSMO.

Te presionas a ti mismo con deberías: “debería hacer esto”, “debería hacer aquello”, “debería tener más éxito”, “debería hacer todo perfecto”, etc. Esto no funciona para motivarte, por el contrario, te hace sentir presionado, resentido y desmotivado. Además, cuando tu desempeño no llega a tus estándares, los deberías crean autodesprecio, vergüenza y culpa.

9. ETIQUETAR.

Cuando te equivocas, en vez de decir “cometí un error”, tiendes a calificarte con etiquetas tales como “soy un idiota” o “soy un desastre”.
En lugar de centrarnos en el hecho o conducta concreta, cuestionamos toda nuestra persona, asignándonos una etiqueta en términos absolutos. Así creamos una autoimagen completamente negativa a partir de un error, sin darnos cuenta de que es irracional definirse de forma absoluta.

Cuando la etiqueta va dirigida a los demás (“Fulano es un irresponsable, un idiota, etc.”), te llenas de frustración y resentimiento.

10. PERSONALIZACIÓN.

Te tomas todo como algo personal, cuando no tiene nada que ver contigo. Si tu hijo saca malas notas, piensas que eres mala madre. Esto es irracional, porque tú no eres responsable por lo que hacen los demás. Esta tendencia a asumir la responsabilidad por cosas que no puedes controlar produce culpa injustificada.

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Cómo usar el dinero para comprar felicidad

Esto es un resumen del artículo “If Money Doesn’t Make You Happy Then You Probably Aren’t Spending It Right”.

Si el dinero no te hace feliz, entonces probablemente no lo estás gastando bien
Elizabeth W. Dunn, de la Universidad de British Columbia
Daniel T. Gilbert, de la Universidad de Harvard
Timothy D. Wilson, de la Universidad de Virginia

Resumen

Basándonos en la investigación empírica, proponemos ocho principios diseñados para ayudar a los consumidores a obtener más felicidad con su dinero. En concreto, se sugiere que los consumidores (1) compren más experiencias y menos bienes materiales, (2) usen su dinero para beneficiar a otros en lugar de ellos mismos, (3) compren muchos pequeños placeres en vez de menos grandes, (4) eviten las garantías extendidas y otras formas de seguros caros, (5) posterguen el consumo; (6) consideren cómo características periféricas de sus compras pueden afectar su vida diaria; (7) tengan cuidado con la comparación al hacer compras, y (8) presten mucha atención a la felicidad de los demás.

Principio 1: Compra experiencias en lugar de cosas
La investigación sugiere que las personas son más felices cuando gastan su dinero en experiencias en lugar de cosas.

La gente es feliz al máximo cuando está pensando en lo que está haciendo, mientras que una mente “divagante” es una de las causas de felicidad disminuida. Y uno de los beneficios de las experiencias es que nos mantienen enfocados en el aquí y ahora.

Otra de las razones es que nos adaptamos a las cosas muy rápidamente. Después de dedicar días a elegir el piso de madera perfecto, los compradores encuentran que éste se convierte rápidamente en nada más que el suelo desapercibido bajo sus pies. Por el contrario, su recuerdo de ver a un bebé guepardo al amanecer en un safari africano sigue proporcionándoles placer.

Otra razón por la cual las personas parecen obtener más felicidad de las experiencias que de las cosas es que anticipan y recuerdan las primeras con mayor frecuencia que las segundas.

Las cosas nos dan la felicidad cuando las usamos, pero no tanto cuando sólo pensamos en ellas. Las experiencias dan felicidad en ambos casos, y algunas incluso pueden ser mejores contempladas que consumidas.

Somos más propensos a revisitar mentalmente nuestras experiencias que nuestras cosas, en parte, porque nuestras experiencias están más vinculadas con nuestra identidad.

Además, como las experiencias son tan únicas como la gente que las tiene, puede ser difícil comparar el paseo en bicicleta por el Ártico canadiense con la ruta del vino de California que podríamos haber hecho en su lugar, lo que nos salva de cavilaciones inquietantes sobre el camino no transitado.

Una última razón por la que las experiencias nos hacen más felices que las cosas es que las experiencias son más posibles de ser compartidas con otras personas, y las otras personas (como veremos a continuación) son nuestra mayor fuente de felicidad.

Principio 2: Ayuda a otros en lugar de a ti mismo
La calidad de nuestras relaciones sociales es un factor determinante de nuestra felicidad. Debido a esto, casi todo lo que hagamos para mejorar nuestras relaciones con los demás tiende a mejorar nuestra felicidad también, y eso incluye gastar dinero.

Aunque el gasto personal (cuentas y gastos, regalos para uno mismo) no está relacionado con la felicidad, la gente que dedica más dinero al gasto prosocial (regalos para otros, donaciones a la caridad) es más feliz.

¿Por qué el gasto prosocial produce tales beneficios en el bienestar? El gasto prosocial tiene un impacto poderoso en las relaciones sociales, y las relaciones sociales fuertes son fundamentales para la felicidad.

Gastar dinero en un amigo o un compañero romántico o dar a la caridad también proporciona una oportunidad para la autopresentación positiva, que se ha demostrado que produce beneficios para el estado de ánimo.

Los beneficios del gasto prosocial surgen independientemente de si las compras son materiales o de experiencias.

Principio 3: Compra muchos pequeños placeres en vez de pocos grandes
Si es inevitable adaptarse a los grandes placeres que el dinero puede comprar, entonces puede ser mejor disfrutar de una variedad de pequeños placeres frecuentes (cafés dobles, pedicuras de lujo, y medias de alta calidad) en lugar de invertir dinero en compras grandes tales como autos deportivos, vacaciones de ensueño, y boletos de primera fila para el concierto.

Esto no quiere decir que haya algo malo con las compras grandes. Pero ya que el dinero es limitado, puede ser mejor comprar dosis frecuentes de cosas agradables que dosis infrecuentes de cosas mejores.

Un paseo en calesita dos veces por semana durante todo el año puede ser mejor que un paseo anual en la montaña rusa.

Una razón por la que los pequeños placeres frecuentes le ganan a los grandes e infrecuentes es que es menos probable que nos adaptemos a los primeros.

Cuando un evento incluye novedad (nunca hemos experimentado el evento antes), sorpresa (no esperábamos que sucediera), incertidumbre (no estamos del todo seguros de lo que el evento es), y variabilidad (el evento va cambiando), hace que le prestemos más atención y nos adaptemos más lentamente.

Los pequeños placeres tienen más probabilidades de satisfacer estas condiciones que los grandes. Debido a que los pequeños placeres frecuentes son diferentes cada vez que ocurren, impiden la adaptación.

Otra ventaja de los pequeños placeres es que son menos susceptibles a la utilidad marginal decreciente. Comer una galletita de 20g no es el doble de placentero que comer una galletita de 10g. Comer dos galletitas de 10g en días diferentes puede ser mejor que comer una galletita de 20g de una sola vez.

La introducción de una discontinuidad temporal entre las experiencias mejora los efectos de la adaptación. Dos masajes más breves (interrumpidos por una pausa) es más agradable que un masaje continuo más largo.

Los individuos que tienen una mayor capacidad para saborear los placeres mundanos de la vida de todos los días son más felices que los que no. Esta capacidad de disfrutar, sin embargo, se reduce entre los individuos ricos. La riqueza promete el acceso a experiencias cumbre, que a su vez socavan la capacidad de saborear los pequeños placeres.

En resumen, no sólo son los pequeños placeres de la vida cotidiana una importante fuente de felicidad, sino que el acceso sin restricciones a experiencias cumbre en realidad puede ser contraproducente.

Principio 4: Compra menos seguros
Si la mala noticia es que nos adaptamos a las cosas buenas, la buena noticia es que nos adaptamos a las cosas malas también. La investigación sobre cómo las personas hacen frente a una amplia variedad de traumas y tragedias (desde ataques al corazón a ataques terroristas) sugiere que las personas no son seres emocionalmente frágiles, como a menudo imaginan ser.

Al igual que el sistema inmune nos protege de enfermedades físicas, el sistema inmune psicológico nos protege de malestares. Pero la investigación sugiere que la gente no sabe mucho acerca de su propio sistema inmune psicológico, y sobreestima su vulnerabilidad al afecto negativo.

Con frecuencia las empresas se aprovechan de esa ignorancia al ofrecer diversas formas de seguros contra la infelicidad, desde garantías hasta políticas de devolución, que proporcionan enormes beneficios para el vendedor y son malas apuestas para el comprador.

Comprar costosas garantías extendidas para protegerse contra la pérdida de bienes de consumo puede ser protección emocional innecesaria.

El sistema inmune psicológico tiene la capacidad de modificar los acontecimientos en una dirección positiva después de que se han producido, de modo de eludir el arrepentimiento. Las investigaciones demuestran que la gente es adepta a reconstruir los eventos con el fin de evitar la auto-culpa y el remordimiento.

Los consumidores, por supuesto, a menudo compran con el arrepentimiento futuro en mente. Lo que no saben es que sus cerebros ya están equipados con un mecanismo de reducción de infelicidad que pueden utilizar de forma gratuita.

Principio 5: Paga ahora y consume después
La costumbre de consumir ahora y pagar después socava el bienestar de dos maneras importantes. La primera es que lleva a la gente a adoptar un comportamiento con poca visión de futuro (acumular deudas, ahorrar poco para la jubilación, etc.), que a la larga, puede terminar arruinando sus vidas.

Una segunda razón se que se elimina la anticipación, y la anticipación es una fuente de felicidad gratis. La persona que compra una galletita y se la come enseguida puede obtener X unidades de placer de ella, pero la persona que guarda la galletita para más tarde obtiene X unidades de placer cuando finalmente la come, más todo el placer adicional de esperar ese momento.

La investigación muestra que las personas pueden disfrutar anticipando un evento próximo, incluso si el evento en sí no es del todo agradable. La gente ve las vacaciones de manera más positiva antes de la experiencia que durante la experiencia, lo que sugiere que la anticipación a veces puede dar más placer que el consumo, simplemente porque no está contaminada por la realidad.

Por supuesto, la memoria puede ser una poderosa fuente de felicidad también. Hay razones para creer, sin embargo, que la anticipación desencadena emociones más fuertes que el recuerdo. Por ejemplo, la gente se siente más feliz mientras anticipa sus próximas vacaciones que mientras recuerda las mismas vacaciones.

¿Por qué, entonces, el consumidor a menudo muestra un impulso hacia el consumo inmediato? Las personas creen que sus respuestas emocionales serán menos intensas en el futuro que en el presente. Este es un error de predicción afectiva que hace que la gente consuma inmediatamente y por lo tanto se pierda el placer de la anticipación.

Retrasar el consumo proporciona el beneficio de la anticipación, pero también puede promover la felicidad de otras dos maneras. Primero, cuando la gente selecciona bienes de consumo inmediato, se ven tentados por los vicios, como comida poco sana y entretenimiento fácil, que producen placer inmediato, pero carecen de beneficios o incluso conllevan costos a largo plazo. En comparación, el consumo postergado es más probable que promueva la elección de virtudes, las cuales producen bienestar más duradero (aunque sea menos inmediato).

Una segunda forma en la que retrasar el consumo puede promover la felicidad es que puede crear incertidumbre. Antes de comprar un producto, los consumidores en general tienen un cierto grado de incertidumbre acerca de qué producto van a seleccionar, cómo será, y cómo lo van a usar. Esta incertidumbre puede ayudar a contrarrestar el proceso de adaptación al mantener la atención centrada en el producto.

Principio 6: Piensa en lo que no estás pensando
Según una reciente encuesta, la mayoría de los canadienses sueña con tener una casa de vacaciones, de preferencia junto a un lago. Las características que destacan como importantes para su casa soñada son: tranquilidad, acceso a la pesca y la navegación, y vistas del atardecer.

Pero, teniendo una visión más amplia, hay muchos otros aspectos menos esenciales de tener esa casa que pueden influir en la felicidad de los propietarios, desde los mosquitos zumbando afuera, a problemas de cañerías en la zona del lago, a la vuelta a casa con niños soñolientos rascándose las picaduras de mosquitos. Bajo la suave luz de la imaginación, estos detalles desagradables, no esenciales, desaparecen de la vista, lo que podría sesgar las predicciones de los consumidores sobre el grado de felicidad que sus compras les darán.

Cuanto más lejos está una experiencia en el tiempo, más tendemos a pensar en ella de forma abstracta. Vemos el futuro lejano en formas sencillas y de alto nivel, y no en detalle.

La felicidad está a menudo en los detalles. En un día cualquiera, la experiencia afectiva es conformada en gran parte por las características de la propia situación actual (como experimentar presiones de tiempo en el trabajo o tener una cena tranquila con los amigos), en lugar de por circunstancias de vida más estables (por ejemplo, tener seguridad en el empleo, estar casado).

Con el tiempo, el estado de ánimo se predice mejor por las complicaciones y alegrías de la vida cotidiana que por eventos más importantes de la vida. Por lo tanto, al pensar en cómo gastar nuestro dinero, vale la pena considerar cómo las compras afectarán la forma en que pasamos nuestro tiempo. Por ejemplo, considera la posibilidad de elegir entre una casa pequeña, bien cuidada y una más grande que necesita reformas, de precios similares. La casa más grande puede parecer mejor negocio, pero si requiere cambiar tardes de sábado con amigos por tardes de sábado con plomeros, podría no ser tan buen negocio después de todo.

Por supuesto, después de comprar una casa nueva, nuestra felicidad dependerá también de los múltiples aspectos de la vida cotidiana que simplemente no están vinculados a la vivienda propia, desde tortas de cumpleaños y conciertos, a discos duros defectuosos y tostadas quemadas. Sin embargo, ya que esos detalles irrelevantes de la vida cotidiana se ocultan a la vista cuando enfocamos nuestros telescopios mentales en un evento importante en el futuro, podríamos con frecuencia estar sobrestimando el impacto emocional de un evento puntual.

Esto sugiere que los consumidores que esperan que una sola compra tenga un impacto duradero en su felicidad podrían hacer predicciones más realistas si simplemente pensaran en un día típico en su vida.

Principio 7: Cuidado con las compras por comparación
Hay sitios web que permiten buscar de todo y comparar una amplia gama de opciones dentro de una categoría determinada. De este modo, los consumidores pueden encontrar la mejor oferta en el producto más idóneo para sus necesidades.

Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que la comparación de compras a veces puede tener un costo. Esta comparación puede distraer a los consumidores de los atributos de un producto que serán importantes para su felicidad, centrando su atención en los atributos que distinguen a las opciones disponibles.

Antes de comprar una casa, las personas suelen examinar las especificaciones sobre las características de cada propiedad. A través de este proceso de comparación, las características que distinguen a una casa de otra pueden llegar a aparecer muy grandes, mientras que las similitudes se desvanecen en el fondo.

Como resultado, los compradores de vivienda pueden sobreestimar la felicidad que les dará una casa grande y hermosa en una excelente ubicación, frente a una casa más modesta, llevándolos a sacar un préstamo más grande de lo que pueden pagar.

Así, la comparación de compras puede centrar la atención de los consumidores en las diferencias entre las opciones disponibles (a menudo atributos irrelevantes para la felicidad), llevándolos a sobreestimar el impacto de elegir una opción más deseable frente a otra menos deseable, y puede incluso llevarlos a elegir una opción menos deseable.

Otro problema es que las comparaciones que hacemos cuando estamos de compras no son las mismas comparaciones que haremos cuando consumamos lo que compramos. Al momento de consumir el producto, ya no vamos a estar comparándolo con lo que no compramos. Las opciones que no elegimos se alejan hacia el pasado y ya no se usan como referencias de comparación.

Principio 8. Sigue a la manada
En Internet los consumidores pueden acceder a una enorme variedad de información para ayudarlos a elegir una película. Sin embargo, los consumidores podrían ignorar toda esta información sobre una película, y en su lugar, ver las calificaciones de los usuarios para saber cómo miles de visitantes del sitio calificaron la película.

La investigación sugiere que la mejor manera de predecir cuánto disfrutaremos una experiencia es ver cuanto la disfrutó otro.

En un estudio, se pidió a las mujeres predecir cuánto disfrutarían de una cita con un hombre en particular. Algunas de las mujeres vieron la fotografía del hombre y la autobiografía, mientras que otras vieron sólo una calificación de lo que una mujer anterior había disfrutado de una cita con el mismo hombre. Las que vieron la calificación hicieron predicciones más precisas que las que vieron la fotografía y la autobiografía.

Al parecer, François de La Rochefoucauld tenía razón cuando escribió: “Antes de poner nuestro corazón demasiado en algo, examinemos primero lo felices que son los que ya lo poseen“.

Otras personas nos pueden ofrecer una valiosa fuente de información, no sólo al decirnos lo que les ha hecho feliz, sino también proporcionándonos información sobre lo que piensan que nos hará felices.

Esto sugiere que un compañero de cena atento puede ser capaz de decir si disfrutaríamos del pescado o el pollo con sólo observar nuestras reacciones cuando estas opciones se presentan. En términos más generales, otras personas pueden constituir una fuente útil de información sobre los productos que nos producirán alegría, ya que pueden ver las reacciones no verbales que pueden escapar a nuestra propia percepción.

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El sentido en la vida

Viktor Frankl (1905 – 1997), psiquiatra, neurólogo y filósofo, fue el fundador de la logoterapia, la terapia a través del sentido.

Su libro “El hombre en busca de sentido” figura en la lista de los 10 libros que han cambiado el curso de la humanidad.

El vacío existencial se extiende en la sociedad de hoy

Dice Frankl:

La sociedad actual gratifica y satisface virtualmente toda necesidad, excepto una: la necesidad de sentido. Incluso puede afirmarse que algunas necesidades son creadas por la propia sociedad de hoy en día; mas la necesidad de sentido permanece insatisfecha en medio de nuestra abundancia y a pesar de ella.

La sensación de falta de sentido, el vacío existencial, está aumentando y extendiéndose en medida tal que se le puede designar auténticamente como una neurosis de masas.

Este vacío existencial se manifiesta sobre todo en un estado de tedio. Estos problemas se hacen cada vez más críticos, pues la progresiva automatización tendrá como consecuencia un gran aumento del promedio de tiempo de ocio.

A veces la frustración de la voluntad de sentido se compensa mediante una voluntad de poder, en la que cabe su expresión más primitiva: la voluntad de dinero. En otros casos, en que la voluntad de sentido se frustra, viene a ocupar su lugar la voluntad de placer. Esta es la razón de que la frustración existencial suele manifestarse en forma de compensación sexual. Podemos observar en estos casos que la libido sexual asume proporciones incontroladas en el vacío existencial.

Si una persona ha hallado el sentido que buscaba, está preparada a sufrir, a ofrecer sacrificios e, incluso, si ello es preciso, a dar su vida.

Habiendo vivido tres años en campos de concentración, Frankl observó que

Los más aptos para sobrevivir en los campos de exterminio fueron aquellos que se hallaban orientados hacia el futuro, hacia un sentido que ellos habrían de cumplir en el futuro.

Así llegué a comprender que el primordial hecho antropológico humano es estar siempre dirigido o apuntando hacia algo o alguien distinto de uno mismo: hacia un sentido que cumplir u otro ser humano que encontrar, una causa a la cual servir o una persona a la cual amar. Tan sólo en la medida en que alguien vive esta autotrascendencia de la existencia humana, es auténticamente humano o deviene auténticamente él mismo. Y deviene así, no preocupándose por la realización de sí mismo, sino olvidándose de sí mismo, concentrándose en algo o alguien situado fuera de sí mismo.

¿Cómo hallamos el sentido?

De acuerdo con la logoterapia podemos descubrir este sentido en la vida de tres formas diferentes:

1. creando un trabajo o realizando una acción;
2. experimentando algo o encontrando a alguien;
3. por la actitud que tomamos en relación al sufrimiento inevitable.

La primera forma de hallar nuestro sentido es a través de valores creativos. Esta sería la idea existencial tradicional de proveerse a sí mismo con sentido al llevar a cabo los propios proyectos, o mejor dicho, al comprometerse con el proyecto de su propia vida. Incluye, evidentemente, la creatividad en el arte, música, escritura, invención y demás.

La segunda manera de encontrar un significado en la vida es experimentando algo, como la bondad, la verdad y la belleza, experimentando la naturaleza y la cultura o, también, experimentando otro ser humano en su propia originalidad, amándolo.

La tercera vía para descubrir el sentido es a través de los valores actitudinales. Estos incluyen virtudes tales como la compasión, valentía, un buen sentido del humor, etc. Pero el postulado más famoso de Frankl es el logro del sentido a través del sufrimiento.

No debemos olvidar jamás que podemos encontrar también sentido en la vida incluso cuando nos enfrentamos, como víctima impotente, con una situación desesperada, con un destino que no puede ser cambiado. Lo que importa entonces es dar testimonio de la mejor y exclusiva potencialidad humana: la de transformar una tragedia en un triunfo personal, la propia desgracia en un logro humano. Cuando no somos ya capaces de cambiar una situación (pensemos, por ejemplo, en una enfermedad como pueda ser un cáncer incurable) se nos plantea el reto de cambiarnos a nosotros mismos.

El sufrimiento en cierto modo deja de ser sufrimiento en el instante en que encuentra un sentido, como el sentido de un sacrificio.

Uno de los principios fundamentales de la logoterapia está en que la principal preocupación de la persona humana no consiste en obtener placer o evitar el dolor, sino antes en ver un sentido en su vida. Esta es la razón por la que el ser humano está dispuesto incluso a sufrir, bajo una condición, es claro, de que su sufrimiento tenga un sentido.

Es preciso dejar perfectamente claro, en tanto, que el sufrimiento no es de modo alguno necesario para encontrar sentido. Insisto en que el sentido es posible aún a pesar del sufrimiento, siempre que, naturalmente, el sufrimiento sea inevitable. Si fuese evitable, sin embargo, lo significativo a hacer sería eliminar su causa, fuese ella psicológica, biológica o política. Sufrir innecesariamente es masoquista y no heroico.

 
¿Cuál es el sentido de la vida?

Resulta completamente imposible definir el significado de la vida en términos generales.
Esto porque el sentido de la vida difiere de una persona a otra, de un momento a otro. Lo que importa, por consiguiente, no es el sentido de la vida de un modo general, sino el sentido específico de la vida de una persona en un momento dado.

No se debería buscar un sentido abstracto de la vida. Cada cual tiene su propia vocación o misión específica en la vida; cada uno precisa ejecutar una tarea concreta, que exige cumplimiento. En esto la persona no puede ser sustituida, ni puede su vida ser repetida. Así, la tarea de cada uno es tan singular como su oportunidad específica de llevarla a cabo.

Ya que el sentido es único está siempre cambiando. Pero jamás falta. Jamás falta el sentido a la vida. Desde luego, esto tan sólo se comprende si reconocemos que existe un sentido potencial a descubrir, incluso más allá del trabajo y del amor. Acostumbramos, ciertamente, a descubrir un sentido al crear una obra o realizando un hecho destacado, o experimentando algo o encontrándonos con alguien. Mas un logoterapeuta, ciertamente, no puede explicarle a un paciente lo que es el sentido, pero al menos puede mostrarle que existe un sentido en la vida, que se halla al alcance de todo el mundo y, lo que es más, que la vida mantiene su sentido bajo cualquier circunstancia.

Fuentes:

Psicoterapia y humanismo. Viktor Frankl.
La idea psicológica del hombre. Viktor Frankl.
El hombre en busca de sentido. Viktor Frankl.

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Cómo rebatir pensamientos pesimistas

Fuente: La auténtica felicidad. Martin Seligman.

Para aumentar el optimismo hay que detectar y rebatir los pensamientos pesimistas. Todos tenemos la habilidad de rebatir cuando alguien nos acusa, pero no la ponemos en práctica cuando nos reprochamos nosotros mismos. La clave es detectar los pensamientos pesimistas y luego tratarlos como si pertenecieran a otra persona, un enemigo cuya misión en la vida fuera hacernos desgraciados.

Cuando nos percatamos de que estamos teniendo un pensamiento pesimista, podemos aplicar el método ACCRR. A significa Adversidad, C creencias previas, C las consecuencias de esas creencias previas, R el rebatimiento de la creencia y R la revitalización que experimentamos al refutarlas con éxito.

Cuando se enfrente a un suceso adverso en su vida cotidiana, tome un papel y aplique el ACCRR: anote el suceso, sus ideas previas, las consecuencias de éstas, y proceda a rebatir sus creencias al respecto. Por último, compruebe la revitalización que experimenta cuando consigue oponerse a los pensamientos negativos.
Veámoslo con un ejemplo.

Método ACCRR

Adversidad. “Mi marido y yo salimos a cenar por primera vez desde el nacimiento de nuestro hijo y nos pasamos discutiendo por todo”.

Creencia previa. “Se supone que tenemos que disfrutar de una cena romántica y la desperdiciamos peleando por tonterías. En una revista leí que muchos matrimonios acaban luego del nacimiento del primer hijo. Parece que vamos en esa dirección”.

Consecuencias. “Sentí una profunda tristeza. Además me invadió el pánico”.

Rebatimiento. “Quizás esté siendo poco realista. Es difícil ser romántico cuando uno no ha dormido. Una mala cena no significa el divorcio. Hemos pasado por situaciones peores y acabó mejor nuestra relación. Tengo que dejar de leer esas revistas estúpidas. Necesito relajarme un poco y considerar esto como un primer intento positivo de experimentar romanticismo”.

Revitalización. “Empecé a sentirme mejor”.

Las creencias previas son creencias acerca de cómo deberían funcionar las cosas. Lo que nos decimos a nosotros mismos cuando nos enfrentamos a un acontecimiento adverso puede ser tan infundado como los desvaríos de un rival celoso. En estos casos nuestras reflexiones suelen ser distorsiones, hábitos negativos de pensamiento que tienen su origen en las experiencias desagradables del pasado: conflictos de la infancia, padres estrictos, un entrenador infantil demasiado crítico o los celos de una hermana mayor. Pero como ahora parecen provenir de nuestro propio pensamiento, sin duda deben ser ciertos. ¡Falso! No son más que prejuicios.

La base del rebatimiento es comprobar la veracidad de nuestras ideas previas.

Hay cuatro formas de rebatir

Evidencia. La forma más convincente de rebatir una idea negativa consiste en demostrar que realmente es incorrecta. Debemos preguntarnos: “¿Cuál es la prueba que apoya esta creencia?” Si sacó una nota baja y creyó que era “el peor de la clase“, remítase a los hechos. ¿Alguien obtuvo una nota inferior? En la mayoría de los casos la realidad estará a su favor.

Alternativas. Casi nada tiene una sola causa. La mayoría de los acontecimientos obedecen a varios motivos. Los pesimistas se centran en la peor de las causas, la más permanente y absoluta. Existen múltiples causas, así que, ¿por qué aferrarse a la más insidiosa? Analice todas las causas que pudieron contribuir al fracaso. Céntrese en las modificables (no haber estudiado lo suficiente), concretas (ese examen era más difícil de lo normal) y no personales (el profesor fue injusto). Gran parte del pensamiento pesimista consiste en aferrarse a la creencia más negativa sin basarse en la evidencia. Debemos aprender a desechar esa costumbre, habituándonos a generar pensamientos alternativos.

Implicaciones. La idea negativa que tiene de sí mismo quizá sea cierta. En esa situación hay que evitar el catastrofismo. Aunque la creencia sea cierta, pregúntese que implicaciones tiene. Una mala cena no tiene por qué ser sinónimo de divorcio. Pregúntese cuántas posibilidades existen de que ocurra lo peor. ¿Tres simples aprobados significan que nadie lo contratará jamás? ¿Una hamburguesa significa que está condenado para siempre a la obesidad? En este punto, vuelva a la primera técnica y repita la búsqueda de pruebas.

Utilidad. Cuando se salta el régimen y piensa “Soy un glotón sin remedio”, está buscando un pretexto para prescindir totalmente de la dieta. Pregúntese: “¿Qué beneficio me causará pensar de esta manera?”
Detalle todas las formas en que puede cambiar la situación. La esposa del ejemplo anterior decidió dejar de leer artículos de revistas sensacionalistas sobre el divorcio.

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Demasiadas opciones

Este es un resumen del discurso que dio Barry Schwartz en el año 2004 a los graduados universitarios en Swarthmore College. Pueden leer el original en inglés aquí.

Swarthmore Last Collection
By Barry Schwartz
May 29, 2004

Tenemos demasiadas opciones

Demasiada libertad puede ser mala para el bienestar. Junto con el crecimiento de la libertad ha aparecido una infelicidad sin precedentes: depresión, suicidio y el uso de servicios psicológicos y antidepresivos en cantidades alarmantes.

¿Por qué demasiadas opciones crean un problema? Después de todo, la gente que no quiere la infinidad de opciones que la vida ofrece simplemente puede ignorarlas. La respuesta es que es lógicamente cierto que la gente puede ignorar las opciones que no quiere, pero no es psicológicamente cierto.

Una abundancia de opciones te fuerza a dedicar tiempo y esfuerzo en las decisiones, aún sobre cosas triviales. Hace que te preocupes, si has elegido sin haber explorado todas las posibilidades, con que quizás has cometido un error. Te fuerza a evaluar pros y contras, a descartar una opción con una característica atractiva para elegir otra con otra característica atractiva. Eleva tus expectativas sobre cuán bueno será lo que finalmente elijas. Las expectativas pueden llegar tan alto que ningún resultado las alcanzará, no importa cuán bueno sea. Y finalmente, te induce a culparte cuando la elección que hiciste después de tanto trabajo resulta menos que perfecta. Enorme esfuerzo en tomar decisiones, alternativas atractivas descartadas, resultados decepcionantes y auto-culparse. Esta no es una receta para el bienestar. No obstante es una receta que más y más gente parece seguir compulsivamente.

Los “maximizadores” lo hacen mejor, los “satisfactores” se sienten mejor

La sobrecarga de opciones es un problema para todos, pero especialmente para los que sienten que tienen que conseguir lo mejor cuando toman decisiones: la mejor universidad, el mejor trabajo, la mejor pareja, el mejor auto, el mejor stereo, la mejor inversión, y sí, los mejores jeans. Yo los llamo “maximizadores”. Para estas personas, la sobrecarga de opciones puede ser una pesadilla, pues la única manera de saber qué es lo mejor es examinar todas las alternativas, haciendo una búsqueda exhaustiva y agotadora. La imposibilidad de hacer tal búsqueda casi garantiza que lamentarás decisiones, incluso si son buenas. En contraste, la gente que está satisfecha con una opción aceptablemente buena, a quienes llamo “satisfactores”, pueden parar de buscar en cuanto la encuentran, y relajarse.

Acabo de terminar un estudio realizado a través de un año con 600 egresados universitarios que buscaban trabajo. Algunos buscaban lo mejor, mientras que otros buscaban un trabajo aceptable. Piensa en la agonía de buscar el mejor empleo. Este está en una ubicación fabulosa, pero ese ofrece el trabajo más interesante. Y ese otro ofrece el mejor salario. Otro ofrece grandes oportunidades de avance. Otro te permitirá ayudar a la gente. Otro te proporcionará un gran grupo de colegas. ¿Por qué no puede haber un trabajo que combine todas esas características atractivas? Así, estás decepcionado antes de haber tenido siquiera tu primera entrevista.

Si eres de los que buscan lo mejor, es probable que termines con un mejor empleo que los que se satisfacen con lo medianamente bueno. Descubrimos que, aunque los maximizadores tenían un salario mayor que los satisfactores, aquéllos se reportaron más pesimistas, más estresados, más cansados, más ansiosos, más preocupados, más abrumados, más decepcionados, más arrepentidos, más frustrados y más deprimidos. Y estaban menos satisfechos con los trabajos que consiguieron. Los maximizadores lo hicieron mejor, pero se sintieron peor.

La lección es simple: no sean maximizadores. Aprendan que suficiente es suficiente. Pueden terminar con resultados levemente menos buenos, pero se sentirán mejor con ellos. Y se ahorrarán una enorme cantidad de tiempo, preocupación y estrés en el proceso de elección.

Sé que este no es un consejo fácil de seguir. Y no es siempre el consejo correcto. A veces, debes buscar y pedir lo mejor. Por lo tanto, el consejo es sé un maximizador sólo cuando importa.

Suficiente es suficiente

Mientras que puede ser posible conformarse con un auto aceptablemente bueno, nadie quiere sólo lo suficiente para sus hijos.

Hace algunos años, cuando mi hija iba a tener un bebé, nos pidió a mí y a mi esposa que la ayudáramos a comprar un coche. Yo no entendía por qué comprar un coche tenía que ser una actividad de grupo. Entonces fuimos a la tienda y encontramos docenas y docenas de opciones. Elegir tomó varias horas, y salimos sin la certeza de haber elegido el correcto.

Cunas, alimentos para bebé, pañales, guarderías, pediatras, colegios públicos o privados, y cuáles, actividades extra escolares, deportes (cuál) o música (qué instrumento), cuándo permitir el piercing, etc. Al proliferar las opciones, los padres tienen cada vez más ardua la toma de decisiones.

Pienso que los padres que se presionan para hacer las mejores elecciones para sus hijos están cometiendo un error. Consiguen mejores coches, profesores, pediatras y actividades recreativas que los satisfactores. Pero el precio que pagan, se reflejará en su interacción con sus hijos. El tiempo que pasan buscando el mejor coche es tiempo que no pasarán jugando o hablando con su hijo. Además de eso, le proporcionarán al niño un modelo de perfección, que puede crear una gran cantidad de estrés, ansiedad, indecisión y descontento en el niño cuando haga sus propias elecciones. Puede inducir a los padres a tener demasiado control sobre las vidas de sus hijos. Al proporcionarles actividades extra, pueden dejarlos sin tiempo para ser ellos mismos, imaginar, crear o descubrir cómo quieren ser.

Estoy convencido de que los niños estarán bien con coches aceptables, profesores y pediatras aceptables, y padres felices y relajados, de lo que estarían con los mejores coches, pediatras, pero padres ansiosos e infelices.

Elige cuándo elegir

Mi segundo consejo es elige cuándo elegir. En el mundo moderno, la única manera de tener el tiempo que quieres para dedicarlo a lo que importa es permitir que otros decidan por ti. ¿Quiénes? Amigos, familia, doctores, asesores financieros. Debes confiar en expertos, gente que conoce el asunto en cuestión, y gente que te conoce, para sacarte algo del peso sobre tus hombros.

El amor trae felicidad… y restricciones

Si te conformas con lo suficiente y eliges cuando elegir, vas a tener tiempo. ¿Qué debes hacer con él? Se ha investigado mucho sobre los determinantes de la felicidad o bienestar y algunos resultados clave aparecen una y otra vez.

El mayor contribuyente a la felicidad son las relaciones cercanas con otras personas: familia, amigos, pareja, miembros de la comunidad.

Cuanto más ricas y profundas redes sociales tienen las personas, más felices son.

Parte de tener relaciones cercanas es que tienes responsabilidades y obligaciones con otras personas. No eres libre para ir y venir a tu antojo. Tus opciones están limitadas por las necesidades y deseos de otros. Las relaciones cercanas son restricciones a la libertad, atan en vez de liberar; reducen las opciones en vez de expandirlas.

Al principio yo pensaba que el precio a pagar por estar cerca de otros valía la pena. Gradualmente llegué a otra opinión. Ahora pienso que las restricciones impuestas por las relaciones cercanas no son un costo, son parte del beneficio. Trabajar en Boston porque tu pareja irá a la universidad allí te ayuda a reducir el conjunto de opciones a considerar.

Tener un llamado satisface… y ata

Un trabajo satisfactorio (trabajo que desafíe, que estimule, y que agregue valor al mundo) es la siguiente fuente de bienestar. Algunos se refieren a trabajos así como “llamados”. Para las personas con un llamado, lo que les produce satisfacción es el producto concreto de lo que hacen, y no sólo el avance personal o la recompensa económica. La gente con un llamado hace algo que no perderá su valor, aún si se estancan haciéndolo, sin tener perspectivas de avance por los próximos cuarenta años.

En alguna medida, que tu trabajo sea un llamado depende del trabajo. Pero en gran medida, depende de ti.

Un llamado es como las relaciones cercanas, ata y restringe en lugar de liberar. Ata a la gente a quien se sirve y a la gente con quien se trabaja. No se es libre para irse cuando aparezca una buena oportunidad.

Ten expectativas razonables

Cuidado con las expectativas excesivamente elevadas. En tu trabajo, en tu vida amorosa, con tus amigos, con tus hijos, no esperes la perfección.

Evaluamos cuán buenas son las cosas comparándolas con cuán buenas esperamos que sean. Si las expectativas son demasiado altas, entonces la realidad perderá en la comparación.

La combinación de abundancia material, libertad casi ilimitada, y opciones abrumadoras conspiran para crear elevadas expectativas. Creo que las expectativas exageradas ayudan a explicar la epidemia de depresión mencionada antes. Tus abuelos tenían diferentes expectativas. Para ellos, no todo era posible. La vida debía ser vivida con y para otros, sujeta a muchas restricciones.

La felicidad es socialmente responsable

La felicidad no es todo, pero manteniendo todo lo demás igual, es mejor ser feliz que no serlo. Además, hay algo bueno en la felicidad. A pesar de la imagen que tenemos de los genios sufridos que han contribuido a nuestra civilización, hay creciente evidencia de que la gente piensa más efectivamente y expansivamente cuando está feliz que cuando no lo está. Además son más energéticos y físicamente más sanos que los infelices.

La felicidad agrega unos 9 años más a la expectativa de vida. La gente feliz es más probable que cambie el mundo de formas positivas que los infelices. Las sugerencias que he dado contribuirán no sólo a tu bienestar, sino también al bienestar de los demás. Si sufres menos con las decisiones que afrontas, podrás usar ese tiempo y energía en conocer y entender a las personas de tu vida. Lo difícil en la vida no es elegir el mejor plan para el celular, sino saber equilibrar sinceridad con bondad, coraje con prudencia, aliento con crítica, empatía con indiferencia, paternalismo con respeto por la autonomía. No hay fórmulas que digan que es lo correcto a hacer en las interacciones sociales. Tienes que descubrirlo persona por persona. Tienes que usar tu juicio. Tienes que ser sabio. Y la única forma de descubrirlo es conociendo bien a las otras personas, tomándote el tiempo para escucharlas, y estando abierto a ser cambiado por ellas.

En un mundo que te fuerza a tomar decisión tras decisión, donde cada una de ellas involucra opciones casi ilimitadas, es difícil encontrar el tiempo necesario. Tu esfuerzo por obtener el mejor auto interferirá con tu deseo de ser el mejor amigo. Tu esfuerzo por obtener el mejor empleo interferirá con tu deseo de ser el mejor padre. Si el tiempo que ahorras siguiendo algunas de mis sugerencias es redirigido, con sabiduría, hacia el bienestar de las personas de tu vida, no sólo te harás a ti mismo más feliz, mejorarás las vidas de los demás también.

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