¿Metas realistas o audaces?

Como dije en la entrada anterior, el pensamiento tradicional en cuanto al establecimiento de metas considera que debemos fijar metas realistas. No obstante, hay quienes dicen que deberíamos ponernos metas grandes y audaces. Metas que nos empujen más allá de nuestros límites, metas que nos desafíen y estimulen al mismo tiempo.

Eso es lo que dice, por ejemplo, Lair Ribeiro:
“La meta debe ser grande, verdaderamente grande. Si se la cuenta a un amigo y éste no le cree, entonces tiene el tamaño adecuado.”

Lo mismo opina Robin Sharma:
“A menos que la gente se esté riendo histéricamente de la ridiculez de tu visión, estás pensando demasiado pequeño.“

¿Por qué fijarnos grandes metas? Ellos argumentan que las metas audaces son más inspiradoras, crean un entusiasmo que hace que luchemos más y aumente nuestra productividad. Estas metas nos exigen más, nos obligan a ir más allá de nuestros límites, liberan nuestro verdadero potencial.

Del mismo modo, las metas más ambiciosas pueden estimular la creatividad y generar innovaciones más radicales que nos hagan dar un salto cuántico en nuestro desempeño.

Además, aunque nunca alcancemos esa meta grande, el apuntar a ella creará un impulso que nos ayudará a llegar más lejos de lo que habríamos llegado sin ella.

En definitiva, ¿debería ser la meta realista o audaz?
Ambos enfoques no son incompatibles. Podemos tener una visión inspiradora y metas realistas que nos señalen el camino hacia ella. La visión puede ser totalmente extravagante e inalcanzable, mientras tengamos metas realistas que nos mantengan enfocados en los pasos necesarios para transformar la visión en realidad.

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